GRUPO EDUCATIVA - Robótica y Programación: JAPÓN: PRIMERO ES LA EDUCACIÓN

viernes, 27 de agosto de 2010

JAPÓN: PRIMERO ES LA EDUCACIÓN

Autor: Fernando Larenas
Seis años de enseñanza primaria obligatoria y tres de secundaria son suficientes para convencer a los japoneses de la importancia de continuar los estudios superiores. De hecho, el 93 por ciento de los estudiantes que completa las dos primeras etapas sigue carreras superiores o universitarias.
Los dos primeros ciclos, los más trascendentes para el futuro de las nuevas generaciones son vitales. Las matemáticas son tan importantes como la música, la ética, la cultura y la recreación. Las visitas a los museos y los viajes por todo el país para que los alumnos sepan lo que hay más allá de su terruño otorgan a los jóvenes un valor agregado que resulta fundamental en su preparación futura.
La educación de los japoneses se siente en las calles, en los parques y en los museos. El respeto a los mayores y a los niños mediante una reverencia o inclinación del cuerpo son la muestra más evidente de que los espacios son respetados. Claro que estamos hablando de una cultura milenaria, de costumbres diferentes que hoy en día han cambiado bastante, pero la esencia misma del don de gentes no se ha alterado.
¿De qué otra forma se manifiesta esa educación de los japoneses? La primera conclusión pudiera ser el hecho de que todas las ciudades se aprecian limpias, impecables, sin papeles en el suelo, peor colillas de cigarrillos. Y eso no significa que existen basureros por todos lados. Algunos detalles. Los fumadores, por ejemplo, tienen su espacio en las estaciones del tren subterráneo o del shinkansen (tren bala) y en los aeropuertos.
Están en silencio, no molestan a nadie con su humo, existe una tolerancia y nadie se atreve a romper los límites de cada uno. La basura se recicla y clasifica por plásticos, papeles, envases de vidrio y orgánica. Nadie osa arrojar un envase de papel en el lugar de los vidrios. Muchos basureros fueron retirados de las calles en medio de la paranoia por los atentados terroristas, sin embargo ese no es motivo para arrojar los desperdicios a las calles.
Ni las multitudes, que abundan por todas partes del país, son un pretexto como para dejar las calles sucias. Al contrario, la gente, con mucha paciencia, se sienta en los parques a comer con sus habituales palillos pero tiene la precaución de recoger todo y dejar su entorno limpio.
La paciencia es otra de las grandes virtudes que se aprenden desde muy pequeño. Parece una contradicción porque el día a día de los nipones es abrumador y estresante, sin embargo tienen una paciencia increible para esperar en las estaciones de los trenes, buses, parques y museos.
Se pueden pasar horas esperando para entrar a un espectáculo y saben que tarde o temprano lo lograrán.
En resumen este es un pueblo que sufrió mucho durante la Segunda Guerra Mundial. Pero tuvo la virtud de dejar atrás el pasado y borrar los fantasmas de los enemigos. La guerra convencional no está en los planes de este país oriental que paradójicamente vive en medio de una guerra comercial con todos sus socios asiáticos.
Hace mucho tiempo los japoneses se convencieron de que el subdesarrollo está en la mente y no en los planes de uno u otro gobierno. Ningún japonés espera milagros de su gobierno, al contrario plantea como ser mejor frente a sus autoridades y como contribuir para llegar a las metas juntos. Es que el país no es de uno o de otros, es de todos.