Robótica en Arequipa - Grupo Educativa: MITOS ALREDEDOR DE LAS TAREAS. QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

martes, 31 de agosto de 2010

MITOS ALREDEDOR DE LAS TAREAS. QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

Por: Natalia Herrera Eslava

El debate de las comunidades educativas sobre el tema de la eficacia y eficiencia de dejar tarea a los estudiantes ha sido abordado desde la perspectiva de la frecuencia, la cantidad y la evaluación, pero no tanto desde pedagogía y específicamente de su pertinencia. Dentro del mundo de la enseñanza se ventilan diversas posturas que, por un lado, ven a la tarea como uno de los pilares de nuestra enseñanza tradicional y, por otro, se atreven a decir que el efecto de las tareas sobre los objetivos finales de aprendizaje es mínimo y solo ayudan a crear obstáculos en la relación estudiante-maestro.
Sin ir muy lejos, en su libro "El mito de las tareas: Por qué nuestros niños reciben tanto de algo no tan bueno", el maestro e investigador Alfie Kohn afirma que los últimos estudios han arrojado evidencia de que la tarea para casa, como tal, no deja mayores beneficios en los estudiantes más pequeños (preescolar) y tampoco ayuda a los más grandes a reforzar lo visto en clase. Kohn propone que los maestros únicamente deberían dejar trabajos para casa cuando es absolutamente necesario y cuando se ha estructurado la tarea de tal forma que esta sea capaz de cumplir objetivos y de cubrir las múltiples y diferentes necesidades de los estudiantes.
Pese a este a tipo de declaraciones, a la mayoría de docentes les surgen dudas sobre cuál es entonces la mejor postura para abordar el tema de la asignación de tareas.
Vale aclarar que no existen muchos estudios acerca de los beneficios de las tareas que realmente lleguen al corazón de este debate, más bien, el asunto se ha manejado como una tradición, sin que esto quiera decir que las tareas sean "buenas para nada".
El punto es que se ha visto que los temas que abarcan las tareas, al igual que la metodología que deben aplicar los estudiantes para realizarlas, guarda muy poca relación con los objetivos de enseñanza que se traza la clase y los estándares establecidos por el sistema educativo. Es así como no existen hasta el momento estadísticas convincentes acerca de la eficacia de las tareas como herramienta para que los estudiantes mejores sus logros. De igual forma, no hay cifras disponibles que muestren cómo la tarea ayuda a construir el carácter, promueve auto disciplina, enseña buenos hábitos, entre otros.
Cuando se hace un sondeo sobre las razones por las que los maestros y maestras prefieren dejar tarea, se escuchan ideas como "si no dejamos tarea quién sabe qué hacen con su tiempo libre", lo que demuestra un problema de confianza que pone a la tarea en el lugar de cepo tiempo libre en actividades de ocio. Por otro lado, también se cree que las tareas ayudan a que los estudiantes se desempeñen mejor en las pruebas estandarizadas, por cuanto se dedican a hacer "ejercicio, tras ejercicio, tras ejercicio". Tampoco ha sido comprobado que esto sea cierto.
Sin señalar ninguna de estas acepciones como correcta, la verdad es que cuando un docente se enfrenta al grupo de estudiantes no debe ir muy lejos para darse cuenta de que a la mayoría de ellos no le gustan las tareas y, si bien son pocos los que convierten este sentimiento en problemas graves como depresión o ansiedad, el común denominador es que niños y jóvenes traten de hacer la tarea "lo más rápido posible". Es aquí donde se entra a la discusión desde la psicología y la pedagogía sobre los beneficios de imponer actividades que disgustan a los estudiantes y cómo esto afecta la motivación hacia el aprendizaje mismo.
Por otro lado, la postura de los padres de familia respecto a las tareas también afecta directamente la labor del educador. Algunos padres se quejan por las grandes cantidades de tarea que llegan a casa y afirman que en muchas ocasiones las tareas son de tal complejidad que parecen asignadas a ellos y no a sus hijos. Existen también padres que no se sienten tranquilos a menos de que sus hijos pasen la mayor parte del tiempo cumpliendo sus deberes. Se tiene la creencia de que si el estudiante se ve concentrado(a) es por que está aprendiendo, sin importar qué tema está estudiando o si la tarea es pertinente o no para su aprendizaje; lo importante es que se ocupe en mejores cosas que los mal vistos vídeo juegos o televisión.
Finalmente, una recomendación para mejorar el uso pedagógico del recurso de las tareas es, en primer lugar, tener en cuenta que la tarea debe tratar de abarcar las diversas necesidades que existen en cada salón de clases, incluyendo las características especiales del grupo y de sus individuos. Por ejemplo, la misma tarea para aquellos que han entendido por completo el tema es una pérdida de tiempo, pues el aprendizaje ya se dio; en cambio, para los que no entendieron el tema y tienen problemas con conceptos, la tarea se limita a hacerles repetir sus errores, sin brindar instrucción o aclarar dudas en el momento de desarrollo de la actividad.
Por tanto, las tareas deben ser tan personalizadas como sea posible, dependiendo de las necesidades e intereses del estudiante. Así mismo, existen dos preguntas que si se responden satisfactoriamente ayudarán al docente a darse cuenta de la pertinencia de sus trabajos y actividades: ¿esto me ayudará a que los estudiantes piensen con mayor profundidad sobre este tema o, por el contrario, a duras penas logrará que memoricen algunos datos a corto plazo? y ¿esto les ayudará a estar más emocionados y dispuestos respecto al tema? Ambas respuestas debn ser positivas para que la tarea cumpla un objetivo pedagógico, más que puramente instrumental.