GRUPO EDUCATIVA - Robótica y Programación: RESPETO POR LO PROPIO Y LO AJENO

lunes, 30 de agosto de 2010

RESPETO POR LO PROPIO Y LO AJENO

Autor: Natalia Herrera Eslava
Con frecuencia, docentes y directivos deben enfrentar en sus instituciones situacio­nes consideradas como faltas graves o gravísimas; entre ellas las más co­munes son las que tienen que ver con el irrespeto a la propiedad ajena y el abuso de autoridad que algunos es­tudiantes ejercen sobre los menores o los más pequeños.
Casos en que los alimentos de algu­nos son tomados por otros, pérdidas de artículos valiosos como cámaras o celulares, situaciones de bullying en que se fuerza a alguien a entregar el dinero de la mesada o el descanso, en­tre otros, son situaciones que deben ser tomadas con seriedad y para las cuales el docente debe estar prepara­do, no sólo para no caer en una acti­tud indiferente (siempre que se obser­ve una conducta irregular intervenga), sino para lograr resolver los conflictos de forma exitosa.
Existen muchas razones por las cuales los estudiantes se comportan de esta manera; desde los conflictos familiares, personales, la presión de grupo, los patrones culturales que se siguen, etc. Lo único cierto es que son conductas que deben afrontarse
¿Cómo actuar frente a una de estas faltas?
Lo más importante cuando se es testigo o se tiene quejas de una de estas faltas es intervenir de inmedia­to. Si se procede con indiferencia, se responde a quien fue agredido con evasivas o no se confronta la situa­ción, el resultado será la condonación del acto. Tampoco es válido dejar para después o postergar. Quien ha cometi­do la falta debe entender que se trata de algo grave, que no será dejado para después, que las cosas no se resolve­rán si transcurre algo de tiempo y el agredido "se calma" un poco.
Para proceder a la solución de un conflicto es necesario seguir un pro­ceso que inicia con el diagnóstico. Es necesario poder mirar lo ocurrido sin dejarse influir por las primeras impre­siones y hacer un análisis desapasionado. Las preguntas claves a respon­der en esta etapa son: ¿Qué pasó? ¿Entre quienes? ¿Cuán­do? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué?
Una vez los estudiantes han ex­puesto sus historias, respetando lo dicho por el otro, sin interrumpir y sin sobre saltos, el maestro decide si resol­ver este conflicto por sí solo o llevarlo para aprender -en este caso para en­señar- , por lo que la aproximación a la solución debe hacerse desde el plano pedagógico, pensando en transformar un comportamiento errático, más que en impartir escarmiento.
En caso de que el docente decida iniciar una resolución por su cuenta, he aquí algunas sugerencias:

  • Formular preguntas abiertas (qué, cómo, para qué). Evitar las cuestio­nes que sólo pueden responderse como un sí o no.

  • Observar las reacciones para de­terminar si se presentan mentiras o tergiversaciones.

  • Centrarse en el problema y no en las personas.

  • Reconocer las reacciones emocio­nales como un elemento válido.

  • Mantener una actitud abierta para encontrar soluciones creativas.

  • Determinar los puntos de acuerdo y realizar el seguimiento.

  • Solicitar la asistencia de dependen­cias que pueden ayudarle.

  • Recuerde que siempre es aconseja­ble que la resolución de conflictos se aborde como un trabajo en equipo.
¿Cómo crear un clima para la resolución de conflictos?
Existen algunas pautas básicas que puede seguir una institución educativa que busque atender sus problemas de disciplina de manera eficaz.
Contar con una política escolar clara al respecto.El reglamento interno y/o manual de convivencia es el código de conducta que todos los estudiantes, profesores, directivos y en general la comunidad educativa deben conocer y respetar para que exista un piso en común para todas las acciones y procesos que se lleven a cabo. Debe contener normas breves y claras que se puedan aplicar sin ambigüedades.
Ideario contra la violencia. Crear un clima protector donde se hable abiertamente de cómo combatir la violencia y cómo ésta no puede ser aceptada. Un ambiente donde se denuncie todo aquello que atente contra la buena convivencia, donde se elimine el estigma del ?sapo?, obligando a quienes expresen violentamente a responder por sus actos, permitiendo a las víctimas expresar sus miedos.
Confrontar de manera constructiva. Los problemas deben ser afrontados a través del diálogo, la mediación y cualquier mecanismo pacífico. Las reglas de la institución deben reconocer estos mecanismos y enriquecerlos con formas específicas de interacción, comunicación y cooperación.
Crear comunidad. Aprender a cooperar para convivir, participar, compartir, pues el bienestar del otro siempre redundará en el nuestro. Todo esto soportado en el trabajo en equipo (padres de familia, directivos, docentes, grupos juveniles), contando con canales de comunicación sanos, creativos, que realmente estimulen el intercambio respetuoso de ideas y acerquen a los educadores con sus educandos. Todos estos vínculos proporcionan seguridad, confianza y autoestima en los estudiantes, por tanto mejoran el clima de convivencia y construyen comunidad.
Mediación escolar
Recibiendo inspiración de los modelos internacionales de diplomacia, los centros escolares cuentan con una herramienta efectiva para solucionar conflictos y enfrentamientos entre diferentes miembros de la comunidad educativa. Se trata de la mediación escolar, una figura que se basa en la negociación colaborativa, en la que una tercera persona (pacificador o mediador) ayuda a las partes en conflicto a llegar a un acuerdo o solución, buscando que cada cual asuma su responsabilidad y se hagan los compromisos necesarios para que este comportamiento no se vuelva a observar.
Una de las ventajas de este modelo es que los mediadores no necesariamente deben ser docentes o directivos, pueden pertenecer a un grupo de estudiantes que hayan recibido algún tipo de preparación para asumir este rol y que por pertenecer también al alumnado inspiren mayor confianza y logren avances más reales en la solución de los altercados.
El rol del mediador se basa en facilitar la comunicación para buscar el bien común concertado, logrando que las partes asuman responsabilidad y sean creativas en la forma de ofrecer reparación, evitando que las situaciones se resuelvan de manera impositiva. Cuando se produce un problema entre dos o más alumnos, una de las partes, si así lo quiere, puede recurrir a los alumnos mediadores -que en general actúan por parejas-. Si la otra parte lo acepta, se lleva a cabo una reunión donde cada uno da su versión del problema.
Los mediadores no buscan culpables, porque no son jueces. Tampoco dan la solución al problema, sino que ayudan a buscarla. Si el conflicto se resuelve favorablemente, las partes pueden firmar un acuerdo por escrito o hacerlo verbalmente.
Este modelo supera la concepción de "ganar-perder" o "agresor-víctima" en las disputas, por la de "ganar-ganar". Entre los objetivos de este modelo está el lograr que los alumnos lleven a sus hogares las habilidades de mediación aprendidas en el ámbito escolar, reafirmándose como un modo de relación general pacífico.
El efecto multiplicador en este tipo de resolución es fundamental, porque lo que empieza siendo el clima de la institución puede llegar a ser parte del clima de la comunidad educativa en general.
¿Por qué mediar y no castigar?
Porque el objetivo es aprender.
Para fundir percepciones diferentes.
Cuando se requiere de soluciones de gran alcance.
Para lograr compromisos mediante la toma de decisiones por consenso.
Para cesar hostilidades.
Para poner fin al conflicto en vez de disimularlo.
Para ayudar el autoestima de los implicado