Robótica para Niños en Arequipa: La Educación en Valores ¿qué es a fin de cuentas?

martes, 19 de octubre de 2010

La Educación en Valores ¿qué es a fin de cuentas?

Por: Luis Miguel Saravia
Educador en Ciencias Sociales.
Consultor en Cooperación Internacional
“Debe educarse en valores”, pareciera ser la tabla de salvación para los desajustes que existen en nuestra sociedad frente al desconcertante impulso juvenil exigente y que nadie comprende, sino condena, reprime.
Este estribillo lo venimos escuchando con frecuencia en esta campaña electoral cuando se trata de seguridad ciudadana y específicamente cuando se aborda el tema de las pandillas, las barras bravas, de bandas de jóvenes cuyas costumbres y manera de comportarse no respeta ni persona, ni propiedad, ni reglas mínimas de comportarse en sociedad.
Planteado e identificado el problema los candidatos recurren a la gastada frase “hay que educar en valores”, como quien le sopla la pluma a la familia, a la escuela, a la sociedad. Nadie la asume como responsabilidad propia, del colectivo, de todos.
La realidad nos está enviando el mensaje de lo poco que se viene haciendo en la educación en valores, por ello percibimos cómo los alumnos y jóvenes vienen apreciando lo negativo, creando éticas individualistas que responden al beneficio personal y no valora el beneficio colectivo, del otro. Por ello surgen las bandas de jóvenes y adolescentes que han creado antivalores como norma y la sociedad responde con autoritarismo, con represión y condena, sin abordar el por qué de la carencia que crea actitudes positivas.
Por ser una tarea de todos, debe partirse de la creación de condiciones para incidir en la formación cívica, ciudadana, donde se obtenga una educación de la responsabilidad consigo mismo y con el entorno, con el otro. Es decir vivir en una convivencia armónica entre los individuos fundamentados en el reconocimiento y el respeto de las diferencias. Sólo partiendo de esta concepción esta demanda dejará de ser un estribillo repetitivo sin resultados y se transformará en una realidad.
Pero nadie cosecha lo que no siembra. Ahora exigimos a la escuela aquello que no se ha podido cultivar desde la célula familiar y además porque la política educativa que se nos oferta está centrada en el aprendizaje, el conocimiento para la competitividad, dejando de lado la atención al desarrollo personal.
Se ha reducido lo educativo a consignas a cumplir antes de analizarlas y hacerlas carne en la vivencia de la persona. Es importante que desde los primeros años de la escuela los alumnos desarrollen una actitud reflexiva sobre lo que piensan y sienten acerca de sí mismos y de los otros. Es necesario e importante que conozcan sus derechos, tengan claro su valor, identifiquen cuáles son sus prejuicios, acepten las diferencias y asuman actitudes de mediación en situaciones conflictivas.
El valor debe ser construido, descubierto y transmitido. Por ello se ha planteado el debate desde la academia pues para muchos el valor sólo existe cuando se percibe, es decir que si yo no lo veo no existe, mientras otros defienden la objetividad del mismo. El debate consiste en poder clarificar si el valor existe solo cuando pasa por la percepción (subjetividad) o si existe independientemente de ello (objetividad). Para valorar debe partirse de los hechos, de la realidad en la que nos desenvolvemos y en el caso de los maestros entender que los hechos con los que trabajamos están vinculados al acto educativo y su escenario preferencial es la escuela y sus componentes: padres, alumnos y maestros.
En esta perspectiva si bien la escuela tiene la responsabilidad de enseñar a aprender, y de manera fundamental colaborar en la construcción de un marco axiológico que vincule el conocimiento y su aplicación a un mundo de valores, ¿cuál es el compromiso de la sociedad y sus instituciones?. ¿Desde cuándo el consumismo, la inhibición o la idealización del éxito personal, fueron reemplazando el tiempo y el espacio para la comunicación, el diálogo, el respecto y valoración del otro?
El valor debe constituirse como un eje transversal del proceso educativo, que genere estrategias viables de manera que la construcción de los mismos no sea una imposición, sino un descubrimiento y una fundamentación fruto de una interacción con la realidad. Así se van descubriendo cualidades, creencias, principios y normas.
¿Y qué hacemos para “sembrar valores” como recomiendan algunos? Desde la escuela muy poco y desde la sociedad menos. Sin embargo esto no justifica que la escuela sea ella una promotora de valores, sino que además debe involucrarse en la búsqueda de metodologías que permitan el desarrollo de valores que los maestros consideran buenos y se vayan construyendo junto con los estudiantes de manera que se conviertan en permanentes.
No se trata de dar conocimientos, estar atentos a los aprendizajes y a lo que el mercado demande, sino tener como referente también a la comunidad de personas. La escuela si sólo se preocupa de la calidad y dota a los alumnos sólo de herramientas científicas, podrá obtener excelentes y versados técnicos, pero no se tendrá la seguridad de haber desarrollado un humanismo capaz de reconocer al otro como su semejante. Urge por ello que con igual empeño no sólo el Ministerio de Educación y las instituciones educativas asuman un papel orientador en la construcción y descubrimiento de valores, sino también la comunidad y sus instituciones.
A la escuela se le reclama y se le encara la falta de formación en valores y con ello la sociedad y los padres de familia se “lava las manos”. Pero la dimensión del problema no se agota “soplándole la pluma de la responsabilidad a una institución de educar para la captación de valores. Sin embargo desde la sociedad y la familia se evaden responsabilidades, tal vez para un adulto irrelevantes, pero centrales para la formación de la persona.
¿Dónde se empieza a conocer y valorar la honestidad, la lealtad, la solidaridad, la justicia, el reconocimiento del otro, el respeto, la tolerancia? En la familia y la sociedad. A la escuela le corresponde contextualizar estos y otros valores para que no queden como figuras ideales o imaginables sino como concreciones de la vida cotidiana donde cada valor formado es expresado en actitudes, convicciones, en reacciones como respuestas a acciones cultivadas de manera predeterminada. Por ello el niño y adolescente actúa de tal o cual manera ante situaciones porque tiene actitudes conformadas que responden a valores que se han construido, descubierto y apreciado.
El tema de educación en valores no es fácil. Sin embargo qué fácil es exigirle a la escuela que forme en valores cuando los cimientos no están bien construidos. Qué fácil es proclamar que con una educación premilitar solucionaría los problemas sociales que afectan a la juventud. Qué difícil es ser padre de familia responsable y que pueda en el desarrollo de su función de padre tener un norte, que de la prioridad a la formación en valores dentro de las prioridades que tiene entre manos. Qué difícil es mostrar que los valores son posibles si existe una acción coherente entre la escuela y la comunidad.
Fernando Cardenal reflexionaba sobre el tema que “Los seres humanos son capaces de moverse por valores, por objetivos nobles, importantes; tienen una gran capacidad para todo lo grande y hermoso que pueda concebirse. Lo que tenemos que hacer nosotros en la educación es desarrollar esa capacidad. No echarle la culpa al joven, sino contagiarlo”. También añade: “Para educar en valores es importante también que el Centro Educativo sea matriz de donde surja la nueva Sociedad; lugar de búsqueda, de ensayo y de discusión de los nuevos valores. Hay que crear en todos los niveles formas nuevas de relaciones sociales. Debemos ser conscientes de que aún sin pretenderlo, legitimamos valores que se viven fuera del Centro Educativo y tal vez nuestro papel propio sería más bien denunciarlos. Debe intervenir toda la institución; desde cada uno de los currículum; con todos los profesores, pues todos transmiten consciente o inconscientemente valores o anti-valores. Es importante involucrar al mayor número de profesores.” (Fernando Cardenal – ex Ministro de Educación de Nicaragua: La educación en valores: fundamento ético para una nueva sociedad. En foro Iberoamericano).
La campaña electoral ha terminado y nos quedan pocas enseñanzas en lo que respecta a educación en valores. Ha existido mucha intolerancia, poca honestidad y transparencia. ¿Dónde quedaron los valores cívicos? Se ha visto no sólo a candidatos enfrascarse en insultos y no en propuestas, en competir por que se escuchen y decidan los planes y soluciones para la ciudad. Pero algunos han preferido canibalizar al contrincante antes que presentar una propuesta interesante para el servicio de la comunidad.
Ojalá no se siga exigiendo sólo a la escuela más de lo que la ciudadanía y sus líderes no son capaces de hacer. La reflexión de educación en valores sin duda no se agota, pues existen muchas maneras de abordar el tema desde la diversidad. Es necesario, por ejemplo, aún trabajar el tema de educación en valores desde las costumbres, la historia desde los diversos grupos que se interrelacionan día a día en nuestras aulas. A la democracia le queda un largo camino por recorrer y asumir en donde se articulen de manera coherente responsabilidades y derechos.