lunes, 15 de noviembre de 2010

¿La letra con sangre entra?

Artículo publicado el 19 de Abril del 2009
en el suplemento MiHogar del diario El Comercio
Lima - Perú
"La letra con sangre entra". La literatura popular está plagada de referencias a severos castigos físicos y emocionales que buscaban, en tiempos pasados, lograr un mejor rendimiento escolar. Las escuelas nacionales fueron siempre el fiel reflejo de algunas costumbres heredadas y la literatura peruana no fue ajena a este fenómeno. La tradición de Ricardo Palma "¡Al rincón, quita calzón!" (lee aquí el texto completo de esta tradición) y la décima de Nicomedes Santa Cruz "A cocachos aprendí" son claros referentes.
Lo paradójico es que fueron los curas, y no los militares, los que tradidonalmente introdujeron este tipo de castigos no exentos de crueldad. Por suerte, estas represalias a las travesuras infantiles y adolescentes han sido erradicadas de la mayoría de escuelas de todo el mundo, induyendo las peruanas.
Dolor escolar
Si usted tiene más de 40 años, probablemente comparta con el escritor Jorge Eslava algún recuerdo sobre las modalidades de castigos físicos: "Cuántas veces de niño sufrí la mirada burlona del sacerdote, acompañada del desconderto de mis compañeros, durante largos minutos en que permanecí con los brazos extendidos aguantando el peso de unos libracos y arrodillado sobre chapitas de gaseosas".
La palmeta, una vara cilindrica de madera que servía para golpear las manos de los indisciplinados, es probablemente el más conocido de los castigos escolares. Como cuenta César Saldarriaga, asesor nacional de calidad educativa de Plan Internacional, "cuanto más grave era la falta, más palmetazos se aplicaban. Con el tiempo, este instrumento fue reemplazado por una más accesible regla de madera".
Los jalones de patillas, los 'lapos' (un lapo es un golpe en la cabeza con la mano abierta) y, en algunos casos, los correazos (golpes con un cinturón) y el uso de sanmartines (el sanmartín era una especie de cinturón de cuero que terminaba en varias puntas con nudos) fueron otros de los métodos de castigos corporales impuestos en el pasado.
Efecto inverso
Por suerte, los avances en la pedagogía y la psicología aplicada a la escuela han demostrado que este tipo de sanciones no hace más que empeorar la situación. Como explica el doctor Jorge Castro Morales, director de la Asociación Psiquiátrica del Perú, "el efecto de los castigos físicos y emocionales en los alumnos produce un efecto psicológico contrario. Los niños y jóvenes se rebelan ante lo que consideran un castigo injusto y desproporcionado, y simplemente empiezan a empeorar su conducta y, en el mejor de los casos, deciden dejarse desaprobar voluntariamente en una especie de venganza contra el sistema que los intenta someter".
Castigos y más
Algunos profesores infligían distintos grados de dolor utilizando la palmeta. Por faltas leves se recibían en la palma de la mano, las mas graves merecían palmetazos en los dedos juntos hacia arriba y en las yemas de ios dedos.
El jalón de patillas tenía grados se severidad distintos que estaban directamente relacionados con la cercanía a la base del pelo.
Otra forma de castigo físico comúnmente aplicada era la exposición de la persona por tiempo prolongado a la intemperie. Obligar a un alumno a mantenerse de píe bajo el frío o el sol inclemente durante horas es, sin duda, un castigo cruel.
Los castigos psicológicos y emocionales son tan reprobables como los físicos. Que un profesor se burle, insulte o humille a un alumno destroza su autoestima.
Es necesario cultivar la cultura del premio y de la estimulación. No se debe sólo sancionar las malas notas o los malos comportamientos, sino premiar los avances de los alumnos cuando se esfuerzan y mejoran su rendimiento. La idea de no reconocer el logro al asumir que es obligación de un alumno sacar buenas notas y portarse bien no tiene los mejores resultados.
Muchos de los asesinatos masivos en escuelas de todo el mundo fueron perpetrados por alumnos que habían sido castigados constantemente.
Peligrosos extremos
El polo opuesto a los castigos es la permisividad absoluta, que se puso de moda en la década de los 60 en Estados Unidos por la publicación del libro "Baby and Child Care", del conocido pediatra Benjamín Spock. En este libro, el doctor Spock advertía que los castigos eran un peligro real en el desarrollo de los niños, pues los incentivaban a desarrollar deseos fanáticos y los podían convertir en delincuentes juveniles. La conclusión del libro fue que lo mejor era dejarlos actuar con la libertad que sus propias conciencias les dictasen. Años más tarde, el doctor Spock se vio obligado a salir en televisión estadounidense a pedir disculpas y reconocer que se había equivocado. El hecho que propició este mea culpa fue la comprobación de la falta de disciplina de las tropas estadounidenses durante la guerra de Vietnam, donde hubo insubordinaciones e incluso asesinatos de oficiales por parte de soldados poco acostumbrados a recibir órdenes. Spock fue, incluso, acusado por el propio Spiro Agnew, vicepresidente de Richard Nixon, de haber echado a perder toda una generación de jóvenes con sus ideas permisivas, su blandura y su falta de respeto por las instituciones.
Para quienes se criaron y educaron en un ambiente en el que los golpes y reprimendas eran considerados métodos adecuados para mantener la disciplina, resulta complicado imaginarse un mundo libre de castigos, donde prime la reflexión antes que el miedo y donde la conciliación reemplace la violencia física y verbal.
Sin embargo, las cosas están cambiando. La percepción de que con golpes e insultos se puede corregir la conducta y estimular el aprendizaje de los niños y adolescentes se ha desechado en la mayoría de colegios del país.
"Y es que se ha llegado a la conclusión de que la aplicación de castigos físicos es un ejercicio de poder que rompe la posibilidad de relaciones armónicas, y es el origen de baja autoestima y desconfianza en el alumno. Esto hace que los jóvenes asuman un modelo violento en el futuro", asegura el psicólogo Roberto Lerner.
Es más, el efecto de la aplicación de cualquier tipo de castigo, sea físico o emocional, es muy negativo en el rendimiento del alumno. Como afirma el profesor Jorge Eslava: "El aprendizaje debería vincularse a un ánimo de exaltación y deseo, que es la mejor manera de despertar la curiosidad. Por el contrario, el manotazo y la reprimenda desproporcionada aplastan cualquier disposición entusiasta por el conocimiento".
Conocidos ya los aspectos negativos de los castigos, ¿qué se puede hacer ante la indisciplina y el mal comportamiento de un alumno? Según César Saldarriaga, asesor nacional de calidad educativa de Plan Internacional, "hay que fomentar la reflexión en el alumno. Este se debe dar cuenta de las consecuencias de sus actos y de cuándo es merecedor de una medida correctiva. Sin embargo, esta no debe ser impuesta por el profesor, sino discutida y concertada entre ambas partes, en lo que llamamos la disciplina democrática. Para lograrlo, las normas deben ser claras y conocidas por todos".
Sin violencia
  • Plan Internacional, institución dedicada a fomentar el desarrollo en todo el mundo, acaba de lanzar la campaña Aprender sin Miedo, con el fin de erradicar los castigos corporales en las escuelas.
  • De los 197 países que son supervisados por el proyecto, 90 autorizan todavía a los maestros a utilizar los castigos físicos; incluyendo países del primer mundo como Francia, Australia, Estados Unidos y Corea del Sur.
  • Los castigos físicos en las escuelas del Perú están prohibidos por resolución ministerial desde el 2006.
  • En el Perú, el 41% de los padres y madres reconoce que golpea, y el 86% recurre a la reprimenda verbal, según Adital. En eñ mundo, estas cifras llegan a 80% según la Unesco.
Corrección eficaz
Cuando la desesperación invade a los padres y maestros, la violencia puede aparecer, como reacción natural, casi de inmediato. Total, también son seres humanos. Algunos simples pasos pueden permitir que el mal comportamiento de los hijos y alumnos se convierta en una oportunidad para hacerlos reflexionar y cambiar positivamente su actitud.
Tranquilícese: Las reacciones viscerales pueden derivar en una violencia de la que se puede arrepentir. Cuente hasta diez y respire profundamente mientras piensa qué actitud tomar.
Nunca le llame la atención a su hijo o alumno frente a otros: La humillación puede doler más que cualquier golpe. Espere a estar a solas con él y coméntele cómo le ha hecho sentir su mal comportamiento. Busque la manera más adecuada para hacerle reflexionar y reconocer que su conducta estuvo mal, que su actitud no solo lo afectó a él sino a todo el grupo (familia o salón de clases).
Aplique la corrección democrática: Discutan y lleguen a un acuerdo sobre las medidas correctivas más adecuadas y coherentes frente a la falta cometida. De esta manera, se refuerza la autoestima y se evita la rebeldía.
Póngase de acuerdo: Tanto el padre como la madre y los distintos profesores deben ser consecuentes y coordinar para que su hijo o alumno no note debilidad en alguno de los adultos. De lo contrario, no se aceptará la sanción y se pretenderá evadirla convenciendo a alguna de las partes. Jugar el papel del padre bueno versus la madre mala, o viceversa, no es adecuado. Lo mismo ocurre en la escuela.
Manténgase firme: Una vez impuesta la medida correctiva no puede ceder, por más que su hijo o alumno niegue o patalee. Podría percibir debilidad y entonces no tendría ningún efecto. Para evitar esta situación se recomienda que la sanción haya sido conversada previamente.

2 comentarios:

  1. "La letra con sangre entra" Valiente frase de la que se han aprovechado muchos "maestros" durante algunas generaciones para maltratar a sus alumnos.

    Estos maltratos han generado inseguridad personal, falta de auto valoración, y sentimientos de inferioridad que condujeron a una vida adulta de baja autoestima a muchisimos hombres y mujeres de una generación.

    Menos mal que los tiempos han cambiado (por desgracia en no todas las sociedades) y la inteligencia gobierna ahora mas nuestras aulas, comenzando a comprender que el alumno necesita ser valorado, incentivado, apoyado, premiado y nunca jamás VEJADO.

    Gracias,

    Cristóbal Tobal

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  2. ¿La letra con sangre entra? Algo que nadie dice, pero que es una cruel realidad, es que "la prevención o curación de enfermedades con sangre entra", refiriéndose a las inyecciones intramusculares para vacunar o para curar, que son el terror de los niños, tanto o más que los golpes.

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