Robótica en Arequipa - Grupo Educativa: Los niños aprenden de nuestras reacciones

lunes, 23 de mayo de 2011

Los niños aprenden de nuestras reacciones

La relación causa y efecto es una de las primeras relaciones que reconocen los bebés. Desde que nacen, aprenden que si lloran, pronto llegará alguien que atienda sus demandas. En su experiencia diaria, los niños se dan cuenta de que para toda acción hay una reacción.  No obstante, en sus interacciones con sus padres, hay reacciones que les desconciertan cuando no son constantes, o bien, no tienen coherencia con la acción que las suscitó.  El aprendizaje en estas situaciones es muy débil o bien refuerza pautas de comportamiento inadecuadas.

¿Qué hicimos la última vez que nuestro hijo o hija hizo un berrinche? interrumpió nuestra conversación telefónica? o le pegó a su hermano menor?

Padres y madres de familia respondemos constantemente a las acciones de nuestros hijos, pero vale la pena meditar si esas respuestas son meras reacciones inmediatas a una situación dada motivadas por la emotividad e impulsividad, o bien, son respuestas meditadas y elegidas en función de lo que deseamos formar en nuestros hijos.

Cada una de nuestras reacciones enseña y marca la vida de los niños en la temprana edad. Antes que nada, es necesario definir claramente cómo deseamos que sea nuestro hijo o hija, qué valores queremos que posea y cómo anhelamos que se comporte.  Si por ejemplo, deseamos un ser humano que prefiera la paz y que sea respetuoso de la dignidad y los derechos de los demás, las respuestas que elijamos dar a sus acciones deberán ser congruentes con este objetivo.  Sea lo que sea que haya hecho, necesitamos adoptar una actitud serena que dignifique su condición de niño o niña y respete sus derechos básicos.

Reflexionar sobre lo ocurrido antes de tomar una postura y actuar, enseña a nuestros hijos a hacer lo mismo: a pensar antes de actuar.

Cada quien interpreta las cosas de distinta manera y cuando de niños se trata, su interpretación de la realidad es muy distinta a la interpretación de un adulto.  Ensuciarse, por ejemplo, para los adultos generalmente es algo desagradable e indeseable, pero para los niños puede ser una consecuencia natural de tratar de alcanzar un objetivo deseado, como puede ser alcanzar algo o averiguar qué resulta de la combinación de agua con tierra. Nuestra respuesta debe construir sobre el deseo mostrado de exploración y motivarle a continuar con ese entusiasmo por aprender, pero alentarle a tomar algunas precauciones.

Enojarse, gritar y pegar no construyen ningún aprendizaje, por el contrario, destruyen la relación y la autoestima de los niños.  Es importante atender a sus sentimientos primero, ayudarles a reconocerlos y buscar soluciones para resolver sus problemas.  La pregunta favorita ante cualquier situación es siempre ¿por qué?  ¿Por qué hiciste tal o cual cosa?  ¿Por qué te comportaste de tal o cual manera? y partir de su respuesta para construir un aprendizaje.  Si nuestro hijo preescolar le pega a su hermano menor, pegarle nosotros reproduce el comportamiento y le demuestra que efectivamente pegar es un comportamiento válido. Si por el contrario preguntamos por qué lo hizo, a partir de su respuesta podemos buscar juntos una mejor solución.

No se trata simplemente de reaccionar ante un comportamiento, se trata de construir a partir de ese comportamiento pues aprenden de nuestras reacciones.