GRUPO EDUCATIVA - Robótica y Programación: Cinco razones para cocinar con tus hijos

lunes, 5 de marzo de 2012

Cinco razones para cocinar con tus hijos


Compartir tiempo con ellos, establecer lazos de confianza y educarlos para cuidar su alimentación son algunos de los beneficios



Es tiempo de calidad

Como madre de dos pequeños y hambrientos niños, Katie Workman, editora en jefe de Cookstr.com y autora de The Mom 100 Cookbook (El libro de cocina número 100 de la madre) conoce los retos de alimentar un ejército pequeño y melindroso. Tiene como misión enseñar a los padres sobre habilidades en la cocina, para asegurar un futuro más saludable para sus hijos.

“Existen muchas razones prácticas y maravillosas para enseñar a los niños a cocinar. La más obvia, es que si no lo haces, encontrarán la forma de pedir comida para llevar, o comprar comida preparada y congelada", dice Workman.

Vas a comer de cualquier manera, así que preparar la cena puede tener una doble función: por ejemplo, ponerse al día. Divide las tareas de acuerdo con las edades y habilidades de tus hijos, para que puedan tener una experiencia creativa bajo tu supervisión, y así escucharás todo lo que pasa en su vida diaria. Es una gran forma de mantener la comunicación; y construir bellos recuerdos que durarán mucho tiempo después de que se guarden las tazas y sartenes.

Las tradiciones pasan de generación en generación

Con clases de ballet, partidos de futbol y otras distracciones modernas, parece que el mundo conspira en contra de mantener a las familias juntas en la mesa. Toma control sobre la agenda de todos, apaga los aparatos electrónicos y comienza el ritual de cocina familiar, empezando con la compra de ingredientes en el supermercado.

No importa si es una pasta casera cada viernes, un platillo de cada país cada domingo, una receta de la abuela o una pizza antes de ver American Idol. Lo que importa es que pasen tiempo juntos, desarrollando hábitos saludables. Los más jóvenes pueden compartir esa tradición con sus hijos en algún día.

Conocerán todo el panorama

Si los niños no ven cómo se hace la comida, es más probable que no les importe y comiencen a pedir dedos de pollo. Haz que se interesen desde el primer momento. Si tienes espacio en el exterior, o aunque sea una ventana, puedes cultivar un poco de semillas de lechuga o frijoles. Si no tienes un patio, pueden visitar una granja o un mercado donde conocerán a la gente que cultiva la comida.

Una vez que hagan esa conexión emocional será más difícil que se nieguen a comer ciertos alimentos.

Aliéntalos a ensuciarse las manos. Si revuelven la olla, pelan las zanahorias, mezclan las papas o lavan la lechuga, participan en la creación del platillo. Será difícil decir no a probar el resultado de su propio trabajo, aunque se hayan negado a comer ese ingrediente antes.

Workman afirma que es importante para los niños ver exactamente lo que está en su comida. “Verán qué tanta grasa, sal o azúcar está en su comida, y entenderán por qué ciertas comidas deben comerse con moderación, y a ver a la comida rápida o comidas procesadas con un sistema más educado”, dice.

Es una oportunidad para explorar el mundo

Aunque los macarrones con queso y los dedos de pollo sean fáciles y rápidos hay una cantidad enorme de ingredientes que esperan ser tomados en cuenta. No necesita ser algo complicado, y no deberían de ser tus enemigos.

Sólo haz un acuerdo con toda la familia para escoger uno; sólo un nuevo ingrediente, una fruta, vegetal, especie o grano cada vez que vayan al supermercado, y haz esa tu lección de cada semana. Estudia sus orígenes, beneficios nutrimentales, importancia cultural, métodos de cocina y platillos tradicionales.

Quizá no todos sean exitosos, pero como familia pueden decidir cuáles son los mejores y cuáles no volverán a cocinar.

Fomenta la confianza

Por mucho que lo ames, no todos los niños son buenos en la escuela, los deportes y las artes. Con un poco de dirección, cualquier niño puede aprender a cocinar una comida saludable y deliciosa desde prepararla hasta servirla, y no hay nada más satisfactorio que eso. Si un niño conoce que no tiene que esperar a que sus papás para hacer la comida, es menos probable que coman papas fritas y galletas, e incluso fomentar sus habilidades culinarias.

No sólo van a cocinar para ti (¿no sería eso algo maravilloso?); una vez que dejen el nido, serán la superestrella de su dormitorio en la universidad, complejo de departamentos y (tal vez) en una cita.

Por Kat Kinsman, editora de Eatocracy