Robótica para Niños en Arequipa: Creatividad en la Escuela

martes, 3 de abril de 2012

Creatividad en la Escuela

¿Cuáles son las formas de lograr que los niños desarrollen su imaginación y su capacidad de crear e innovar?
Algunas premisas indispensables para que la escuela preserve el potencial creativo con el que los niños inician su etapa escolar y, de adultos, puedan resultar innovadores, son:
  • Un entorno estimulante y que permita expresarse de diferentes formas
  • Un ambiente donde las ideas nuevas o insólitas sean respetadas y valoradas
  • Un contexto de libertad y autonomía para experimentar, equivocarse y evolucionar
  • Profesores guía en lugar de instructores para que los conocimientos se descubran en vez de aprenderse
  • Mucho juego
  • Educación sensorial y emocional
  • Un sistema de autocorrección y evaluación por metas y progresos

¿Cómo se pueden concretar estas premisas?

“De entrada, haciendo convivir a niños de diferentes edades; nosotros los agrupamos en aulas de tres a seis años, de seis a nueve y de nueve a doce; y atendemos sus necesidades tanto a nivel intelectual como físico y emocional: desde la adaptación del mobiliario a su estatura, hasta la disposición de un entorno y materiales estimulantes para cada área del conocimiento, pasando por dejar libertad de movimiento y que el niño  decida cada día en qué trabaja, con quién, cuánto tiempo y con qué expectativas” (Carles Malleu, profesor de primaria del colegio Madrid Montessori).

“Todos tenemos posibilidades de ser creativos e innovadores; biológicamente somos creadores, pero nos adaptamos al medio que nos toca vivir y ese medio puede fomentar la creatividad o no; en el caso concreto de la escuela, resultará creativa si dinamiza las potencialidades individuales, si favorece la flexibilidad mental, la originalidad, la inventiva, las nuevas ideas, la autonomía y, además, el desarrollo emocional y social”. "Cuando se habla de fomentar la creatividad en la escuela no se está hablando de reforzar la enseñanza de las artes plásticas o de la música, sino de enseñar a salirse de las rutas trazadas, enseñar a innovar". “Creativo es quien produce algo nuevo y valioso, y ese algo no necesariamente ha de ser una obra de arte; puede ser una idea, una solución a un problema, un nuevo producto…”. (Petra María Pérez, catedrática de Teoría de la Educación y miembro del Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la Universidad de Valéncia).

Cuando se trata de promover una educación creativa,  una regla de oro es dar autonomía, que el estudiante, sea cual sea su edad, sea quien lidere su aprendizaje y tenga el espacio físico, intelectual y emocional para decidir, por ejemplo, sobre qué investiga para hacer un trabajo y cómo lo presenta, o qué libro lee, qué texto o canción utiliza para sus análisis de lengua"…

“La clave es enfocar la educación no en transmitir información y contenidos, sino en fomentar la curiosidad, el espíritu científico, literario, la resolución de problemas…; los niños, más que acumular información, han de aprender a innovar, a cambiar de continuo, a jugar y ensayar, a errar y mejorar, a interrogarse y explorar, a descubrir, soñar y fantasear, a inventar, a comparar, valorar y decidir por sí mismos, a tener iniciativas, a expresarse en todos los lenguajes y, en definitiva, a ser uno mismo”. (David de Prado, director del Instituto Avanzado de Creatividad Aplicada Total y Fernando Pessoa máster en Creatividad de la Universidad).

Todo eso implica una revolución en la organización y funcionamiento habitual de las escuelas, que se basan en un modelo directivo y habrían de adoptar un modelo más democrático, donde los profesores dejarían de ser instructores y transmisores de información para convertirse en guías. “La función del profesor habría de ser la de seleccionar lo que es más atractivo y motivador para sus alumnos, y llevar a cabo una pedagogía de la acción, pragmática, con métodos y estrategias creativas” (David de Prado).

"La función del profesor es guiar al alumno facilitándole los materiales adecuados en función de sus progresos y sus intereses, y ampliando sus explicaciones a medida que asimila las lecciones anteriores". “El profesor observa y sigue las actividades del niño pero sin juzgarlas, no para decirle si está bien o está mal, sino para apreciar donde están sus dificultades y poner a su alcance nuevos materiales que le ayuden, y para saber cuáles son sus preferencias y adaptarse a ellas a la hora de explicarle contenidos de lenguaje o cálculo”. “Se trabaja el alfabeto, los números, la astronomía o la botánica… pero partiendo del planteamiento de que son producto de la creatividad de una serie de personas que se fueron preguntando cosas y han ido dando respuestas; se trata de captar primero el interés del niño y luego hacer que descubra por sí mismo, por ejemplo, las fórmulas geométricas, paso a paso, para que se le queden grabadas, pero sin aprenderlas de memoria”. (Carles Malleu).

"Lo que hace que una educación resulte creativa o mate la creatividad no son los contenidos, sino los métodos". “Si se trata de literatura, uno puede contarles quién fue García Lorca y pedirles que lo memoricen; o puede plantear que lean algo de él y luego lo representen gráficamente, o que escriban un texto sobre ello, o que dramaticen un fragmento de la obra…¡Todo esto es creativo!; como lo es una clase de lengua en la que se elige una palabra y se juega con ella a repetir las sílabas, a inventar otras palabras con esas sílabas, a crear frases diferentes que la contengan, a buscar otras que digan lo contrario… Y de esa manera se descubren las raíces y las desinencias de las palabras, el sentido de las frases, etcétera” (David de Prado).

Se trata, en definitiva, de poner en práctica toda una serie de estrategias que diversos autores han identificado como potenciadoras del proceso creativo: desde el torbellino de ideas (brainstorming) hasta la analogía, pasando por las transformaciones imaginativas, la enumeración de atributos, la relajación creativa o la solución creativa de problemas, entre otras.

“Lo ideal sería que en la escuela se explicaran cosas al alumno y él hiciera preguntas nuevas sobre ello o diera soluciones diferentes a las preguntas de siempre; que el profesor, en lugar de encargar un trabajo sobre determinado tema y con una estructura concreta, se dejara sorprender promoviendo un torbellino de ideas para que cada chaval desarrolle un proyecto sobre la que más le interese y de la forma que considere más adecuada, ya sea como dibujo, texto, presentación oral…”, (Fernando Alberca, autor de Todos los niños pueden ser Einstein).

"Preservar la creatividad en la escuela exige también cambios en el lenguaje de los profesores, en su manera de explicar, de enseñar a estudiar y de evaluar". “Hace falta incluir en las explicaciones mucha más implicación emocional para llegar a todos los alumnos; si sólo se dan explicaciones racionales y repetitivas, dirigidas al hemisferio izquierdo, el que rige nuestra capacidad de análisis, los alumnos con predominancia del hemisferio derecho se pierden, porque su lógica es distinta”. “En clase de matemáticas, no es lo mismo explicar que dos más dos son cuatro, que contar que si tenemos dos galletas y dos trozos de pan tenemos comida para cuatro personas; ¡esa es la implicación emocional!; como lo es referirse a los sentimientos de las madres de los soldados durante las guerras que se explican en la clase de historia” (Fernando Alberca).

"En otros países el sistema de enseñanza se fundamenta en que el alumno va eligiendo sus propias metas sobre los contenidos que figuran en el currículum y va buscando y dando soluciones a distintos problemas".  “Claro que este sistema requiere más tiempo porque hay que esperar a que los alumnos lleguen por sí solos a las soluciones correctas, pero de esta forma se convierten en descubridores y aprenden por experiencia, no por repetición” (Petra María Pérez).

"En la escuela Montessori tienen clara la premisa de que cada niño tiene su ritmo, y los hay que en dos mañanas han asimilado las fracciones y otros que necesitan trabajar sobre ello dos semanas y la función del profesor es observar los progresos de cada uno e ir guiándoles poniendo a su alcance materiales que les ayuden a superar sus dificultades” (Malleu).

"Lo mismo ocurre a la hora de enseñar a estudiar: Hay niños que se empeñan en mirar la página de un libro y aprendérsela para pasar un examen, pero de lo que se trata es de que cada uno utilice su imaginación para hacer un dibujo (un esquema) del contenido de cualquier tema a partir del cual luego sea capaz de expandir esa información y explicarla; y no hay un esquema bueno o malo; hay niños que fotografían la información de arriba abajo, y otros de izquierda a derecha, unos que prefieren relacionar con líneas y otros que utilizan sistemas de llaves; lo importante es que cada uno utilice sus recursos para recrear la información y producir sus propios contenidos” (Fernando Alberca).

Pero si cada uno elige lo que considera más relevante de una lección, si a la hora de hacer trabajos uno decide presentar un dibujo, otro un powerpoint y otros más una presentación oral ¿cómo evalúa el profesor? ¿Qué da por bueno? La cuestión, dicen los expertos, es renunciar al pensamiento convergente que predomina en la mayoría de las escuelas y admitir que hay más de una solución.

"Se valora la evolución y progreso de cada alumno, hay una evaluación constante para verificar que va superando fases, pero sin utilizar calificaciones numéricas que permitan la comparación entre compañeros".  “De hecho, los materiales están preparados para la autocorrección y es cada niño quien corrige sus actividades, ve dónde están sus carencias, qué es lo que ha de reintentar, y asume el error como fuente de aprendizaje” (Malleu).

Por otra parte, los expertos enfatizan que ser creativo y atreverse a innovar exige una buena confianza en uno mismo y saber canalizar adecuadamente sentimientos y emociones, entre ellas la frustración. De ahí que hacer de la escuela un espacio creativo requiera que esta preste mucha atención a la educación emocional de los niños. “Ha de potenciar la capacidad de entender y comprender emociones y sentimientos ajenos y ayudarles a desarrollar una autoestima positiva y realista que les permita sentirse seguros, atreverse a correr riesgos, a experimentar sin miedo al fracaso y a percibir las sensaciones que produce el éxito; se trata de potenciar la capacidad de gestionar y controlar impulsos, sentimientos y emociones dejando a la persona libre para experimentar y crear” (Petra M. Pérez). Sin olvidar, dicen los expertos, que preservar la creatividad exige facilitar todas las formas y lenguajes de expresión, incluidos los corporales y sensoriales, por lo que se debería atender más a disciplinas como la danza, la música o la pintura para estimular y desarrollar las inteligencias múltiples y no centrarse sólo en el aprendizaje más racional.

Los pilares básicos

  • Desafío y compromiso: Hay que involucrar al estudiante en su propio proceso de aprendizaje y, para ello, hace falta presentar las actividades como un desafío acorde a sus habilidades, talento y conocimientos, y, al mismo tiempo, como algo novedoso con preguntas abiertas que propicien nuevas opciones (¿Qué pasaría si…? ¿Y por qué no…?)
  • Libertad: Dejar a los niños la posibilidad de elegir sobre actividades, espacios, materiales o formas de realizar un trabajo, o sobre las consecuencias de determinados comportamientos que perturben el trabajo del grupo. Han de entrenar su capacidad de tomar decisiones.
  • Juego y sentido del humor: Hay que promover el juego, la alegría y entusiasmo en clase. Se puede propiciar utilizando transformaciones insólitas de cuentos, frases o palabras, decorando el aula con caricaturas divertidas o jugando a transformar los temas con preguntas como ¿qué hubiera pasado sí…?
  • Confianza y apertura: Hay que promover el respeto a las diferencias a través del reconocimiento de que cada persona tiene talentos únicos, con sus fortalezas y debilidades, y trabajar la comunicación asertiva para que aprendan a dar y recibir opiniones de forma adecuada.
  • Apoyo a las ideas: Las ideas nuevas han de ser valoradas y nunca ridiculizadas por insólitas. En lugar de hacer juicios y evaluaciones prematuras, se trata de escuchar las propuestas y dar oportunidades de que se lleven a cabo, que los pequeños realicen proyectos partiendo de sus propias inquietudes e intereses.
  • Tiempo para idear: Los tiempos han de flexibilizarse para que el niño pueda involucrarse y meterse en una actividad “a sus anchas” y crear oportunidades para que comenten las ideas novedosas e inquietudes que les han despertado algunas de las cosas que les han pasado en los últimos días.
  • Discusión o debate: Es importante que los niños puedan dar opiniones diferentes a la mayoría sin temor a ser criticados, y que aprendan a fundamentar sus análisis y críticas.
  • Toma de riesgos: La escuela debe permitir probar actividades nuevas sin que el resultado sea predecible y convertir los errores o resultados indeseados en oportunidades para aprender en lugar de fuente de rechazo o ridiculización.
  • Formación integral: La escuela ha de abordar tanto la formación intelectual como el desarrollo físico y emocional de los estudiantes para potenciar todos sus talentos y capacidades.
  • Evaluar los progresos: Implicar al estudiante en su aprendizaje y no penalizar el error significa apostar por la autocorrección, valorar los procesos más allá de los resultados, evaluar en función de los progresos y la consecución de metas en lugar de examinar los fallos.
  • Entorno físico estimulante: Fomentar la imaginación y la capacidad creativa requiere de un espacio físico (además de intelectual y emocional) creativo, de un entorno que facilite el movimiento, la libertad de elección y donde poder expresarse de diversas formas y a través de diferentes actividades.

Fuente: lavanguardia.com