Robótica en Arequipa - Grupo Educativa: Aprender a Enseñar para Enseñar a Pensar

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Aprender a Enseñar para Enseñar a Pensar


La Nueva Educación se basa en la no dependencia directa del alumno, sino más bien en su propia autonomía para llevar adelante su proceso de aprendizaje, lo cual no significa la prescindencia de la figura del docente (Pues, éste último debe tornarse en un guía, en un facilitador, como en el esquema de enseñanza no directiva planteado por Dewey).

En este contexto, el educador debe capacitarse, aprendiendo a enseñar para que su alumno sea capaz de desenvolverse con independencia de criterio-en este sentido, el docente debe enseñar a pensar para que ese desempeño autónomo del educando sea un hecho tangible-. El alumno debe tornarse en un sujeto capaz de crear sus propias argumentaciones, sin la necesidad de repetir mecánicamente el discurso de enseñanza-como si fuese una verdad revelada dogmáticamente- impartido por el docente en el espacio físico del aula. Se terminó ya la etapa de que el educador es quien tiene en su haber el conocimiento absoluto, y que el alumno debe esperar tan sólo de su docente para poder tener un acercamiento a la fuente de conocimientos, ya que hoy por hoy son diversos los bancos de datos a los que se puede acceder (Internet, por ejemplo) y el educador debe acompañar procesos de búsquedas motivados por el interés del sujeto que aprende. Por ello, el docente debe enseñar a pensar en cuanto a los materiales o contenidos que resulten como producto de dichos procesos de búsqueda del conocimiento. El educador debe estar preparado para aprender a enseñar para enseñar a pensar, y este es un desafío significativo para la Nueva Educación o Educación Holística.

Enseñar a pensar presupone dejar de lado la sobre protección hacia el alumno, creyendo que el docente tiene todas las respuestas para todas las necesidades (afectivas, cognitivas, etc.) del alumno, no confiando en la capacidad autónoma de éste último: El docente debe abandonar dicha etiqueta o prejuicio, y eso supone un esfuerzo personal denodado, ya que muchas veces se han enseñado, desde los lugares de formación docente, que el sujeto enseñante es la única fuente de información autorizada y que las demás no son válidas, y bien sabemos que en este Tercer Milenio en curso, que esta es una idea retrógrada, porque no hay peor ciego que quien no quiere apreciar que la realidad ha mutado, porque los niños y jóvenes ya no esperan tanto del docente, sino que son exploradores per se de diversas fuentes informativas cuando tienen intereses que los incentivan para conocer sobre determinados tópicos o asignaturas: Lo cual no implica desestimar la función docente, sino que el educador debe reflexionar profundamente sobre esta realidad contextual y a la luz de ello debe replantearse sobre cuál debe ser su rol en este nuevo estado de cosas (Pues, debe concebir que ya no debe ser un docente sobre protector, que impone su discurso pedagógico como un dogma incuestionable en la sala de clases, sino que es un educador capaz de reconocer en el estudiante un ser autónomo que puede desenvolverse por sí mismo según sus propias búsquedas personales del conocimiento, es decir, el docente enseña a pensar).

No se trata de cuestionar el rol docente en absoluto, sino de modificar ciertos hábitos perpetuados a través del tiempo como producto de una formación pedagógica desconectada de la realidad cotidiana de las aulas, y que impiden muchas veces el reconocimiento de que los tiempos y las necesidades han variado, y que el docente de ahora no es el de antes y el alumno de este tiempo no es el de épocas pasadas: Ha cambiado hasta la concepción de la figura tanto del educador como del educando.

Debemos ser conscientes de que el escenario educacional ha cambiado, y de que las necesidades del contexto también, y por eso no debemos persistir estancados en un tiempo pasado que ya se ha diluido, sino empezar a pensar en la modificación de las prácticas pedagógicas vigentes que no están en sintonía con esta premisa esencial de la Nueva Educación: Enseñar a pensar. Pero para que se enseñe a pensar, el docente primero debe aprender a enseñar para que esto sea viable, ya que no puede darse lo que previamente no se tiene o adquiere. Este es todo un desafío, y como siempre, depende de cada actor interviniente en el escenario educativo. Esto no es difícil, porque si se quiere, se puede, y siempre los cambios se gestan desde los niveles que muchas veces nos parecen insignificantes, pues es allí donde debemos desempeñarnos con compromiso y decisión. Seguro que a lo largo del camino hay reticencias y resistencias, pero siempre debemos avanzar, porque si no nos quedamos paralizados y nunca vamos a actuar por miedo a muchos factores, como por ejemplo una burocracia escolar que opera en reiteradas ocasiones como una máquina de impedir y que frena decisiones, y esto lo saben muy bien quiénes detentan cargos directivos en establecimientos escolares: Esto también es parte de la realidad, y debemos también reconocerlo, pero no para quedarnos en discursos, sino para accionar en terreno firme con coraje y determinación.

En definitiva, debemos intervenir en la realidad educacional para enseñar a pensar, partiendo de la base de que el docente debe aprender a enseñar para lo cual, aún en contextos de resistencias y reticencias como se ha señalado aquí.

Lic. Luis Alberto Russi Gerfó